Rafael Cid y Manolo Gallego charlan sobre las mesas de convergencia.

5 de marzo de 2011
| Producción: Radio Klara
| Duración: 00:33:23

Algo sigue mal

Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

La asamblea celebrada en Madrid el pasado 19 de febrero para construir mesas de convergencia ciudadanas no ha pasado inadvertida. Buen comienzo. Al fin ya al cabo se trata de un intento sincero de articular por la base una resistencia al neoliberalismo. Es algo encomiable. Y además ha contado con la adhesión de un importante número de asistentes y el apoyo de personalidades de la izquierda social. Bienvenida sea.

Pero eso ni impide criticarla en los aspectos reduccionistas, que los tiene, limitaciones que pueden extrañarla de una verdadera movilización ciudadana contra el sistema dominante y sus agentes sociales.

En primer lugar habría que señalar una cierta falta de sensibilidad, que entre algunos sectores damnificados puede entenderse incluso como ofensiva, al realizarse en la sede de comisiones obreras, el sindicato sin cuya participación no hubiera podido firmarse el “pensionazo”. Y la central sindical, también, que se desentendió, junto con UGT, de la reducción salarial a los funcionarios, permitiendo de soslayo un cierto linchamiento social como privilegiados con la torpe excusa paraxenófoba del empleo asegurado. El hábito si hace al monje y a la mujer del César. Ética y política cabalgan juntas

Pero es que además la constitución de esas mesas de convergencia se plantea como un proyecto de abajo-arriba y eso in nuce se compadece a trompicones con utilizar como generoso anfitrión a un sindicato que ha optado por la rampante verticalidad en sus relaciones con un gobierno que, junto con la patronal de los empresarios, dirige la agresión neoliberal que los convocantes llaman a impugnar sin paliativos.

En fin, no es cuestión de formas ni de ser más papista que el Papa. Pero lo que bien comienza, bien acaba, y piano, piano, se va lontano. Tiene su aquel Carlos Taibo cuando advierte que en el acto no hubo ninguna referencia al problema ecológico (Mesas de convergencia: por qué no he firmado) y otros que se escandalizan del protagonismo del que antiguo fiscal general del felipismo con el GAL, Eligio Hernández. Y por qué no, de la supina ignorancia que demostraron los conductores de la asamblea ante la convocatoria para el 12 de marzo de la primera gran manifestación “Contra el pacto social. Movilización y mucha”, a iniciativa de numerosas organizaciones sindicales, sociales y políticas, entre ellas CGT e IA, denunciada por el editor de Viento Sur Miguel Romero (Una primera composición de lugar).

Si lo que se contempla es sólo refundar una socialdemocracia sostenible, como certificó el historiador Tony Judit en su testamento político, algo va mal. Rectificar es de sabios y de necios hacerlo a diario, que dijo FG, el que fuera jefe de Eligio, el fino jurista que hizo unas declaraciones agradeciendo “su sacrificio por la democracia en España” al general Rodríguez Galindo, condenado a 71 años de cárcel por doble asesinato.

Mesas ciudadanas y copias certificadas

Rafael Cid

El Vaivén de Rafael Cid

Al parecer la confluencia de opiniones, críticas y conformistas, con la puesta de largo de unas “mesas de convergencia ciudadanas” para comprometer a la sociedad civil en la batalla al neoliberalismo rampante ha tenido otros efectos colaterales no deseados. Aunque seguramente, más que esas posiciones hechas desde la legítima discrepancia para avanzar en una mayor y más amplia formulación del proyecto, la polémica en sí tenga que ver sobre todo con el hecho de que a su conjuro se han desperezado asuntos internos. Hablo de meritorias organizaciones que sin respaldar institucionalmente la propuesta si contaban en el acto con algunos de sus máximos representantes a “titulo personal”. La lección que posiblemente haya que extraer entonces es la dificultad de desdoblamiento entre la representación particular y la institucional en cuestiones de carácter político que además merecen la atención de los medios de comunicación, con el plus de relevancia focalizada y deformante que ello comporta.

Lástima, porque esa disidencia sobrevenida ha impedido centrar el debate en temas los de interés general que una iniciativa de esa trascendencia precisa para ganar cohesión. En esa dinámica la primera observación de entidad radica en formular la falta de una referencia al apartado ecológico como denominador común entre el neoliberalismo y su superación por sistemas económicamente sostenibles. No parece pieza menor a la hora de buscar una identidad en la movilización dejar patente que la superación del modelo realmente existente pasa por afrontar el problema de la escasez de recursos naturales y la aplicación de políticas que pongan también la prioridad en las consecuencias globales de la huella ecológica.

De lo contrario corremos el riesgo de esbozar planeamientos estrictamente economicistas, por más que estén imbuidos de pretensiones rupturistas respecto al neoliberalismo. Y llegado a este punto es preciso hablar claro, en la convicción de que a menudo es mejor ponerse una vez rojo que ciento colorado, de otros solapamientos que afectan al contexto político del momento presente en que el neoliberalismo ejecuta sus designios.

Aceptemos por mor de la unidad en la solidaridad que para una parte de los antineoliberales que generosamente apoyan “las mesas de convergencia ciudadanas”, Comisiones Obreras y UGT, por un lado, y el PSOE, por otro, son uno de los suyos y que su “cuestionamiento” puede restar potencial al proyecto.

De hecho algunos de los protagonistas a “título personal” del acto celebrado el pasado 19 de febrero en la sede central de comisiones han tenido cargos de responsabilidad en las administraciones socialistas del Estado. No se trata de pedir certificados de “pureza de sangre” a nadie y muchos menos de exigir virginidad partidista. Sería absurdo. Pero de la misma forma, esa impronta no deje interferir en el despliegue del movimiento cívico contra el neoliberalismo depredador. Y esa sí es una duda pertinente, desde el momento en que en la declaración del 19-F se ha soslayado mencionar la responsabilidad directa de la socialdemocracia en el poder en la ejecución de esa doctrina neoliberal cuyos desastrosos efectos queremos refutar de raíz.

Si se depuraran esos supuestos necesarios que ahora mismo menudean como fastidiosos tábanos, seguramente por un problema de comunicación (el diario Público enmarcó a uno de las convocantes a “título personal“contra un fondo con las siglas UGT, sindicato del que ha sido dirigente), la adhesión a las mesas de convergencia ciudadanas sería mayor.

Porque de lo contrario el proyecto puede incubar una déficit de incongruencia difícilmente superable. El mundo es un pañuelo y la experiencia es un activo recurrente que no se puede echar en el olvido.

Recordemos que también el primer mandato del gobierno Zapatero se cimentó en un cestón de mejoras sociales y derechos de ciudadanía de cuarta generación que permitieron aglutinar a su alrededor a buena parte de la izquierda sin collar, la misma más o menos que precisamente ahora intenta coordinarse para sacar del espacio público a las reaccionarias políticas antisociales que el PSOE y el gobierno socialista ejecutaron en el segundo mandato confabulándose contra su propio programa electoral.

Necesitamos transparencia para generar la confianza necesaria que facilite una movilización general capaz de sentar las bases de una democracia participativa ahora ausente. Ya no valen solo heraldos con buenas intenciones ni un elenco apabullante de abajofirmantes. La opción está clara: o mesas para la revuelta ciudadana o copias certificadas. El “republicanismo deliberante” ofertado por Rodríguez Zapatero mediante guión del que fuera su jefe de gabinete, el sociólogo José Ándres Torres Mora, actual responsable de Cultura de la Ejecutiva Federal del PSOE y miembro del Consejo editorial del periódico Público, ya no mueve los molinos de la historia contingente y otra operación reencanto parece una quimera.


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