La vida secreta de los mercados
El Vaivén de Rafael Cid
Tras bendecir la “manirrota” política de rescate que ha aupado a España hasta la tasa de paro más alta de la OCDE y a ser la segunda mayor deuda total del mundo por subvencionar a las multinacionales del automóvil y a la banca, la Unión Europea exige que el gobierno decrete el pensionazo, una brusca bajada de salarios y otros bruscos recortes de derechos sociales y laborales que empobrecerán a millones de personas. Todo ello, dentro de un discurso-trampa que al socializar las pérdidas de la burbuja del crédito fácil con la excusa de proteger al empleo de las empresas afectadas ha logrado travestir lo que era una crisis especulativa-inmobiliaria en una crisis del mercado de trabajo, facilitando así una burda contrarreforma como excusa para restablecer una supuesta y falaz estabilidad general. Lo mismo que con Grecia, que no tiene tanto desempleo, pero con mejores modales, al fin y al cabo es el semestre de presidencia española en UE y no conviene disparar sobre el pianista.
De ahí que la denuncia de un “ataque especulativo” y “una conspiración de los mercados” formulada por el ejecutivo ante el desquiciamiento de la deuda soberana no sepamos si aplaudirla por su coherencia interna o, por el contrario, considerarla como un gesto de cinismo político. Con lo que lleva llovido en este país últimamente, denominar “conspiración”, “ataque” y “campaña” a la libre acción de los flujos de capital buscando el máximo beneficio, parece un ejercicio de paranoia selectiva. Conviene recordar que la crisis económico-social que padecen casi 5 millones de ciudadanos y sus familias tiene su origen precisamente en un “complot” del Estado para subvencionar y resarcir al sector inmobiliario y financiero por sus acciones especulativas. Lo diferencia estriba en que en esta “operación rescate” el beneficiado era el mundo de los negocios afín al ejecutivo socialista (la condonación de deudas bancarias al PSOE es ya una rutina) y las víctimas-diana los contribuyentes, mientras en el caso de la ofensiva antipatriótica es el prestigio del gobierno el que aparece lesionado por la avidez de esos mercados. Y encima, aquellos privilegiados a quienes Rodríguez Zapatero rescató del naufragio a costa de crear una fenomenal carga económica, esgrimen el desgobierno de la deuda y el deterioro de la marca-país para pedir su cabeza y atizar conspiraciones de palacio..
El gobierno socialista, la clase política en su gran mayoría, medios de comunicación, Banco de España, académicos, economistas, tertulianos del plasma, etc., ven lógico y necesario que se comprometa el futuro del país otorgando una orgía de millones de euros para reflotar a la gran banca (la que cobra mayor comisión de la UE y más desempleo vía prejubilaciones ha creado)), detrayendo esos recursos de las partidas para mejorar la economía productiva en la nación líder en paro en la UE. Y sin embargo, nadie reivindica echar mano de esos mismos recursos, mediante los presupuestos del Estado si fuera necesario, para conjurar los supuestos peligros que acechan al régimen de pensiones. Estamos ante un sistema de inseguridad social de doble vínculo urdido por la ineficacia del aparato empresarial: en el capítulo de ingresos, debido a que el alto nivel de desempleo ha provocado menos cotizaciones y, en la partida de gastos, por el mayor número de perceptores de la prestación que ocasiona ese mismo desempleo. Pero su locura tiene un plan: aprovechar la crispación de la crisis para con-vencernos de que la única salida a medio plazo pasa por imponer un sistema mixto de pensiones. Tras el crack de liquidez, las entidades financieras privadas han diseñado una hoja de ruta que ambiciona gestionar buena parte de la enorme tarta de las pensiones. Con la zafiedad que le caracteriza, ya en el comienzo de la crisis el presidente de la CEOE, Díaz Ferrán, malhechor económico del año, sugirió utilizar el fondo de pensiones de la Seguridad Social para el tráfico mercantil de la patronal.
Existe acuerdo unánime en que la crisis en España la precipitó la burbuja inmobiliaria en alianza con el sector financiero, bancos y cajas, que hizo posible la compra de inmuebles con créditos accesibles a todos los bolsillos, inflando de paso el precio de las casas hasta niveles nunca vistos. También hay coincidencia general en que el desplome consiguiente fue lo que llevó a poner a millones de personas de patitas en la calle en un tiempo récord, debido a la facilidad con que las empresas podían prescindir de los trabajadores de última instancia, ya que se trataba sobre todo de inmigrantes y jóvenes precarios, en el tajo y en los contratos basura. Al estallar la crisis, siempre negada desde el gobierno y sus cohortes, David Taguas, hasta entonces jefe de la Oficina Económica de Presidencia, una especia de ministro de Economía en la sombra, pasó a dirigir la patronal de las grandes constructoras, SEOPAN. Pero antes de entrar como asesor de Rodríguez Zapatero, Taguas fue el máximo responsable del gabinete de estudios del BBVA, el segundo mayor banco del país, que junto con el Banco de Santander, elogiado por Zapatero en Davos, fueron las dos instituciones financieras que un años antes de estallar la burbuja se pusieron en situación de liquidez sacando por sorpresa su enorme patrimonio inmobiliario a la venta.
El ataque de patriotismo que le ha entrado al gobierno forma parte del agitpro socialista para seguir mareando la perdiz y huir de sus responsabilidades ante la gente. Una campaña bien engrasada que empezó con el show de Davos, continuó en el Desayuno de Oración en EE.UU y culminó en la City de Londres buscando los parabienes de los creadores de opinión en materia económica y financiera, como el periódico Financial Times y el premio nobel Krugman, críticos de conveniencia que no han tenido inconveniente, vaya usted a saber porqué y por cuánto, en desdecirse de sus anteriores negras predicciones sobre la crisis a la española. Y la guinda ha sido la aparición en escena de las empresas de calificación de deuda, asegurando que no hay motivos para temer que el reino de España pierda el nivel AAA, el label con que semaforizan el máximo de solvencia de un país. Esas mismas elitistas agencias son las que en su día también otorgaron a la norteamericana Lehman Brothers la triple A, meses antes de que se convirtiera en la mayor bancarrota financiera que han conocido los tiempos.
En mayo de 2009 la Unión Europea anuló una cumbre sobre el desempleo “por falta de ideas”.
Rafael Cid en www.radioklara.org