El Pacto de Estado como democracia orgánica
El Vaivén de Rafael Cid
Con el rancio aroma de los regímenes de soberanía compartida, el titular de la Corona ha llamado a consultas a distintos partidos y sindicatos para buscar una salida consensuada a la grave crisis económica que se ha cobrado ya cerca de 4,5 millones de parados. Juan Carlos, cuya persona es inviolable y sus actos no sujetos a responsabilidad (Art. 56,3. CE), el heredero de la jefatura del Estado por voluntad expresa de Franco, una magistratura “sagrada” que nunca fue ratificada en referéndum, recupera la centralidad política con esa llamada a la responsabilidad de los demás. Bajo el palio del Pacto de Estado, y gracias al evanescente poder arbitral y moderador sobre las instituciones que le otorga la constitución de 1978, el Rey reintroduce algunos usos de aquella democracia orgánica de la dictadura, cuyos principios fundamentales juró cumplir y hacer cumplir. Si los Pactos de la Moncloa del 1977 supusieron un lábel para la transición, los Pactos de la Zarzuela de 2010 se cocinan para mayor autobombo de la monarquía. Para crecer en reputación liderando la crisis, aunque ni un sólo euro de los 50.000 millones que el gobierno prevé recortar en los gastos de la Administraciones Públicas durante los próximos 3 años afecte al presupuesto asignado a la Casa Real.
De los vientos de Los Pactos de La Moncloa a los lodos de los Pactos de La Zarzuela. Algo de eso pretenden, aunque como el PP cree que puede desalojar al PSOE del poder sin mancharse, aún no siente la necesidad de dar el salto, por más que las fuerzas vivas, poderes fácticos y agentes sociales insistan en que hay que hacer de su necesidad virtud. Eso sí, sin importarles que la tan manoseada política parlamentaria sucumba a golpes de pactos. Pactos de Estado o de mesa camilla, lo cierto es que todo lo que resulta realmente importante se sustrae al debate público. Pactos de Toledo para las Prestaciones Sociales, pacto de Educación, pacto para la Emigración, pacto para la Defensa, pacto contra el Terrorismo (Ley de Partidos), verbigracia, compincharse con el supuesto adversario ideológico para patrimonializar los temas más sustanciosos. Y eso, dentro del ya escaso margen para la “cosa pública” que deja la cesión de atribuciones y competencias a la Unión Europea y Monetaria. Una democracia de garrafón, sin demócratas, votando tan ricamente cada cuatro años para guardar unas formas que ya a nadie engañan. En realidad, la propuesta de cohabitación entre líderes e instituciones para prefigurar procesos de decisión sobre la salida de la crisis al margen de la opinión de los ciudadanos supone un reconocimiento implícito de la extremada debilidad del sistema. A la “traición” que ha significado ignorar normas fundamentales como el Pacto de Estabilidad y principios como el “laissez faire” para inaugurar un “paréntesis en los mercados”, regresando de nuevo al proteccionismo y la subvención de siempre, se suma ahora la necesidad de trucar el Estado de Derecho secuestrando la representación para dar paso a una cohabitación que impida el desbordamiento popular. Esta es la lógica del combate que libra el Estado contra la Sociedad para que la clase dominante conserve sus privilegios. En este contexto, la rebatiña de legitimidades formales entre Gobierno y Corona es un síntoma del problema. Zapatero, como jefe del Ejecutivo, y el Rey, como jefe del Estado (art. 56 CE) y de las Fuerzas Armadas (art.62, h. CE), compiten con armas distintas pero con objetivos similares: que los coletazos de la crisis no se les lleve a ellos por delante. Porque, como afirma en Votos de pobreza el filósofo Ignacio Castro Rey, la potencialidad del sistema hace que todo sea discutible, “menos el espacio mercantil de las discusión, allí donde la libertad de pensamiento vive bajo una sola condición: que no tenga ninguna consecuencia”.
La crisis no tuvo su origen en el mundo del trabajo. No fue a causa de la avanzada legislación laboral ni por las valientes acciones de protesta de los obreros que se produjo el crac de las subprime y lo que vino rodado. La crisis fue causada por una consciente y programada desregulación estatal para favorecer los intereses de la especulación financiera y la loca carrera del sector bancario concediendo créditos inmobiliarios sin garantías mínimas. La crisis se ahondó por las prácticas usureras de las grandes empresas monopolistas que dominan la economía mundial para mantener su tasa de ganancia. La crisis se desató debido a que ante la precarización laboral, hubo una reducción de los salarios que hacía imposible mantener el nivel de consumo que el sistema requería, y se universalizó la compra de fiado dando una salida en falso a la sobreproducción acumulada. La crisis es una estafa piramidad para todos los ciudadanos. El editorial de El País, del sábado 6 de febrero, No más retrasos, ejemplifica el paradigma de la embestida reaccionaria en marcha y la profundidad de la agresión histórica a los derechos sociales pretendida. Dice el diario, en una prédica que sitúa al portavoz más inteligente del sistema financiero a la derecha de la derecha: “La REFORMA (sic) del mercado de trabajo es la condición necesaria y urgente para frenar la destrucción de empleo y el crecimiento del paro (…) En contra de los que piensan UGT y CC.OO, un debate sobre la edad de jubilación o el periodo de cómputo de cada pensión en nada deteriora la solvencia financiera del sistema; al contrario es obligado para garantizarla; y es justo ahora cuando hay que suscitarlo (…) El marco está fijado y no hay lugar a más excusas: la negociación sectorial de convenios tiene que dejar paso a la negociación en las empresas (…) Deberá procurar (el Gobierno), sobre todo, que sus propuestas se concreten en medidas eficaces y evaluables. Incluso a riesgo de perder el apoyo de UGT y la complacencia de Comisiones”. Por eso, en sintonía con el gobierno, los medios han pasado de negar la mayor (la percepción sicológica en economía es un medio de manipulación de masas) a ensombrecer las perspectivas aprovechando la zurra de la UE a Grecia. De hecho, el mismo diario El País que en su día tuvo que pedir perdón a sus perplejos lectores por la cobertura informativa de la crisis, en una nota casi clandestina insertada en el suplemento del salmón Negocios, ahora se ha convertido en un auténtico agorero. En editoriales como el citado y en artículos de especialistas (Van a por España), el diario de referencia ha terminado situando en la agenda nacional el principio de necesidad creado por la crisis. Hasta el punto de que la víspera de la comparecencia de Zapatero en el Congreso el miércoles 17 de febrero, propinó una tribuna libre del "radical" Santiago Nuño Becerra con el alarmante título "2001, el año del crash". Saber jugar con los tiempos, el sentido de la oportunidad, es un activo de alto calado político. Si al principio negar la crisis servía para controlar el medio plazo hoy su lobotomización es condición sine qua nom para que la ciudadanía se resigne a la purga que viene. Y así los monopolizadores de los mercados de deuda tendrán la tranquilidad de que los pagos de sus inversiones estarán a buen recaudo porque el gobierno español "no les va a defraudar", al drenarlas de las partidas de la contrarreforma laboral y el tijeretazo presupuestario. Un proceso de pauperización y transfusión de rentas al que llaman sus señorías llaman diálogo social.
La última toma de posición de Rodríguez Zapatero sobre la reforma estructural del mercado laboral, que ha sido ferozmente aplaudida por El País siguiendo los pasos del presidente del Banco Santander, Emilio Botín, que la califico de “ir en la buena dirección” y ser “la más importante da los últimos años”, señala el grado de compromiso con la “refundación de capitalismo” hispano del proyecto socialista (y obrero). Primero, para mandar un mensaje a los mercados de la deuda, hizo aprobar en Consejo de Ministros un acuerdo sobre las pensiones, referido a la ampliación de la edad legal de jubilación, y luego largó a Bruselas un informe que hablaba de casi duplicar el tiempo de cotización. A continuación cambió de plano y solapó ese programa de máximos para desactivar la protesta sindical y ciudadana, y retornó al formato del socorrido diálogo social dejando en poder de CEOE, UGT y CC.OO una agenda de mínimos sobre abaratamiento de despidos en el marco generalista de una modificación de los tipos de contratos a tiempo parcial.
Todo minutado y monitorizado para ganar tiempo, evitar que la protesta castigue al PSOE en las elecciones autonómicas y municipales de 2011 y hacer que las centrales vuelvan al redil. Pero sobre todo para reducir los costes del factor trabajo, aumentar las expectativas de beneficios empresariales, desmontar el modelo de Estado de Bienestar, recortar los derechos sociales, precarizar la existencia y hacer que los trabajadores y los ciudadanos paguen la crisis y escarmienten de la mano amiga de un gobierno de izquierdas que ha subvencionado la compra de vehículos, creado fondos públicos para la banca y las cajas en apuros, encarecido artículos de primera necesidad como la luz, y aplicado una modificación regresiva de los impuestos cargando sobre los indirectos y las rentas procedentes del ahorro, mientras se exoneraba a las grandes fortunas. En la contestaría Grecia de ayer ya se ha cumplido la profecía y va a ser nuevamente la socialdemocracia quien, tras derrotar en las urnas a la derecha, llevé a cabo la purga de caballo que la Unión Europea, el FMI y otras instituciones financieras internacionales han recetado para su “salvar” su economía.
Por nuestro propio bien. En nuestro nombre. Hasta donde ellos quieran. Si nos dejamos. Como en la historia terrible del gulag y los autos de fe del stalinismo. Aquella etapa negra del siglo XX en que las propias víctimas admitían haber cometido crímenes inexistentes porque no cabía en sus cabezas que fueran diana del fuego amigo del socialismo de Estado.
Rafael Cid en www.radioklara.org